Citas.

"La vocacion del politico de carrera es hacer de cada solucion un problema. "
Woody Allen

"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados."
Groucho Marx

"la política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos profesionales"
Varios autores

jueves, junio 01, 2006

El korral del koala

Por motivos de trabajo suelo revisar un periódico de información económica en internet, "el confidencial". Pues bien, ayer me encontré allí con este comentario, amo a Laura en un corral, de los dos éxitos musicales de la actualidad, fácilmente deducibles por el título del artículo: "Opá yo viazé un corrá" y "amo a Laura". No suelo hacerlo, pero como me divirtió tanto la segunda parte, el comentario sobre "Opá...", os lo transcribo aquí para los muy vagos.

EL TRIUNFO DE DARWIN
El otro videoclip, Opá, yo viazé un corrá, es todavía mejor. Lo canta un malagueño que se hace llamar El Koala (fíjense ustedes en su cara y comprenderán a qué viene el mote) y que procede, en términos musicales, de la recordada "Tengo un tractor amarillo", que cantaba Zapato Veloz, y de la perpetuamente inolvidable "Ramona" que perpetraba Fernando Esteso en los tiempos de don Carlos Arias Navarro. Pero hay una diferencia importantísima. Esteso y los del tractor amarillo eran unos tipos corrientes, de asfalto, que se disfrazaban de gañanes y los parodiaban. El Koala, no: el Koala es un gañán auténtico, genuino, un cateto en estado puro cuya creación musical, desde el punto de vista antropológico, me parece trascendental. Se pongan como se pongan Bush y los “creacionistas” norteamericanos, este señor Koala ha demostrado para siempre jamás que Charles Darwin tenía razón: los seres humanos actuales descienden de los grandes simios de la antigüedad. Y aún más: ha dejado claro para la Ciencia que no todos descendieron a la vez. Unos lo hicieron hace cientos de miles de años y otros han descendido muy recientemente.
La canción, compuesta en la tradicional tonalidad de La Mayor y organizada conforme a la nada revolucionaria estructura del “Rondó con variaciones”, cuenta la historia (se lo digo yo por si ustedes no lo sabían) de un servicial y bien dispuesto muchacho que pone en conocimiento de su padre la intención que tiene de construir, en las inmediaciones de Benamargosa (llamado “Gibraltar el Chico”), un cercado rústico que piensa dedicar a la cría de diversos animales domésticos y de granja que, en circunstancias favorables, podrían llegar a reproducirse: “Opá, yo viazé un corrá / pashá gallina / y pashá minino / (…) pashá cabrilla / y sacá shiviyo (…) pashá guarriya / y sacá guarriyo”. Son obvias las conexiones del argumento con la mejor Literatura del viejo género de los Apólogos en incluso con la Sagrada Biblia: sirvan como ejemplo El cuento de la lechera (Samaniego) o lo del Arca de Noé. Sigamos con el argumento.
El joven garantiza a su padre que esa iniciativa agropecuaria no significa, en modo alguno, que tenga la intención oculta de abandonar la empresa unifamiliar e independizarse. Es un buen hijo que no tiene empacho en rogar obedientemente la autorización paterna para llevar a cabo su proyecto: “Con tu permizo, jago un corraliyooo”. Incluso garantiza que la construcción del nuevo recinto no le quitará tiempo para cumplir sus habituales obligaciones en la granja de la familia ( “Yo tayúo a sacá las papas (…) yo tayúo a barré lo shumbo” ), granja que se adivina hasta cierto punto próspera: dispone de variados vehículos de tracción mecánica, aunque no estén en perfecto estado. Así, el joven asegura que seguirá colaborando con toda abnegación, entre otras cosas, a la hora de poner en marcha la vieja motocicleta (“Yo tayúo arrancá la Guzi”) o de adecentar el todoterreno (“Yo tayúo a pintá Lanrrove”).
Informa el muchacho a su padre –lo cual es, sin duda, una agradable noticia– de que no serán precisos gastos extraordinarios para poner en pie la nueva instalación: ya dispone de los materiales de obra (“Tengo la maera / y tengo lo tabloneee”), obtenidos a veces de manera improvisada y no escasa de ingenio (“La shapa der tejao / l’he sacao d’uno bidoneee”).
Asegura el emprendedor jovencito que tiene la firme determinación de llevar a término su ilusionado proyecto, pero en un momento dado se sincera noblemente ante su padre, le abre su corazón –es un pasaje conmovedor– y admite que, a veces, su alma flaquea, que no se siente del todo seguro de sí mismo, que quizá la alegre voluntad que le anima no baste para coronar la empresa: “Er domingo empieso, / a vé si tengo cohone”.
La obra concluye, en medio de un tutti orquestal que recuerda los memorables finales sincopados de Sibelius, con el triunfo de la voluntad creadora sobre la triste rutina cotidiana, de la determinación (véase Parsifal) sobre el fatum, del espíritu indomable sobre la materia: “Opá, Opaíto”, dice el protagonista, “yo viazé un corrá”. E insiste, remacha en la frase final, que no deja en el corazón del espectador la más leve sombra de duda: “Yo viazé un corrá, yo viazé un corrá, ¡via-zéun-co-rrá!”.
Yo es que no entiendo por qué a ustedes no les gusta esto. Antropológicamente, el cantante es un inestimable hallazgo de la Ciencia. Musicalmente, la canción le da ciento y raya al cretino del Melendi; a la sotabarbada chica, Dominatrix afflictorum, de Amaral, y a las felizmente descacharradas Ketchup, que ya es decir. En lo ideológico estamos, como acabo de exponer, ante un verdadero compendio de tradiciones literarias que van desde la parábola del Hijo Pródigo hasta Wagner, bien es verdad que con una ortografía algo rupestre.
El Koala es, por demás, buen cristiano donde los haya. Mi inminente yerno José Luis, que me enseña mucho sobre música pop (o como rayos la llame él), me sacó de Internet unos vídeos en los que Andreu Buenafuente y Jesús Quintero entrevistaban a este Koala: el tipo no hacía más que dar gracias a Dios, a la Virgen y a los santos por el golpe de suerte que había tenido con la canción (luego he sabido que este señor, que siempre lleva los mismos pantalones, formó parte de grupos como “Santos Putos” y cantó canciones como Ostia) y rogaba al Plenario de la Corte Celestial que le reservara el éxito obtenido por partituras que ya están, junto a las de Granados, Falla, Albéniz, Rodrigoy los Halffter, en la historia de la música española, como el Aserejé y la Macarena.
Miren, yo también se lo deseo.


Poco que añadir. Seguiremos informando.

2 comentarios:

jotas dijo...

¡hostias, chus¡
Me duele la cabeza, te lo juro por el koala y su puta madre...mira, al menos da para una tesis...de Sibelius al koala.

fanny dijo...

Joer Hepta.
Er Koala es un probe hombre soñador que ahorita mismo está amasando sur fortuna para poé arlimentá a la santa de er, a su familia y, si er estaó no lo remedia, invertí el sobrante en eso de los sellos y demás chucherías.
Nosea duro con er que lo que aperseguió es cantá sus canciones y vivir del cuento. Como la mayoría.

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